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Soluciones a largo plazo para una producción de proteínas circular y sostenible

La biotecnología microbiana favorece la producción de proteínas sostenibles, lo que impulsa una revolución alimentaria basada en unos sistemas alimentarios vegetales y hongos comestibles.

Presentes en todos los organismos vivos, las proteínas son cruciales para los procesos químicos esenciales del cuerpo humano, como las funciones metabólicas. El ser humano obtiene las proteínas de los alimentos como la carne, las aves, el marisco, las alubias, los guisantes, los huevos, los productos de soja procesados, los frutos secos y las semillas. Pero suministrar a una población mundial en crecimiento la dieta necesaria para una ingesta saludable de proteínas es cada vez más un reto. El problema se agrava por las prácticas de producción de alimentos que dañan el medio ambiente y no son sostenibles. El equipo del proyecto SMART PROTEIN(se abrirá en una nueva ventana), financiado con fondos europeos, se propuso desarrollar una nueva generación de opciones proteínicas aprovechando la biotecnología. Además de cultivos ricos en proteínas como la quinoa, las lentejas, las habas y los garbanzos, en SMART PROTEIN se crearon proteínas de biomasa microbiana a partir de hongos comestibles.

El holobioma en el punto de mira

Para desarrollar fuentes de proteínas eficientes en el uso de los recursos y menos perjudiciales para el medio ambiente, el equipo de SMART PROTEIN se centró en el ecosistema microbiano o «holobioma» que conecta el suelo, las plantas, los animales, los seres humanos y el medio ambiente. «Somos conscientes de que construir cadenas de suministro de proteínas preparadas para el futuro va más allá de abastecerse de proteínas alternativas: también requiere un profundo conocimiento de las interacciones complejas entre las plantas y las comunidades microbianas del suelo asociadas a ellas. Nuestro objetivo era mejorar la resiliencia de los cultivos, la absorción de nutrientes y la sostenibilidad general del sistema alimentario», explica el coordinador del proyecto Emanuele Zannini(se abrirá en una nueva ventana), del University College de Cork (Irlanda). Las prácticas agrícolas regenerativas fueron clave para evaluar y mejorar el holobioma. Los investigadores midieron la actividad enzimática del suelo y observaron una mejora de la actividad microbiana como resultado de las prácticas agrícolas regenerativas como el cultivo de cobertura, la reducción del laboreo y las enmiendas orgánicas. El cultivo de cobertura, o cobertura del suelo con plantas no destinadas a la cosecha, ayuda a controlar la erosión y mejora la fertilidad del suelo. La labranza reducida minimiza la alteración del suelo durante la plantación. Reduce el uso de combustible y las emisiones, al tiempo que mejora la estructura del suelo y la biodiversidad. Los abonos orgánicos, como el compost, son alternativas ecológicas a los fertilizantes químicos. «Las enmiendas incluían el uso de hongos micorrícicos y otros microbios del suelo para mejorar el ciclo de los nutrientes y la resiliencia de las plantas, apoyando así el desarrollo de sistemas agrícolas sostenibles y productivos», añade Zannini.

Nuevas proteínas de biomasa procedentes de los hongos

Además de utilizar prácticas regenerativas para impulsar la actividad microbiana saludable relacionada con la producción de los cultivos, en SMART PROTEIN se utilizó la biotecnología para producir proteínas a partir de hongos. La fermentación fúngica se optimizó para reutilizar subproductos reciclados de la pasta (residuos de pasta), el pan (cortezas) y la cerveza (levadura agotada y granos de cervecería). El supraciclaje de estos flujos secundarios de escaso valor añade otra capa de circularidad a los futuros sistemas alimentarios. Por la salud de los seres humanos y del planeta, es esencial que nos alejemos de una dieta basada en animales que no proporciona el equilibrio nutricional adecuado, consume demasiados recursos del planeta y genera demasiada contaminación. Así, la revolución alimentaria prevista por el equipo de SMART PROTEIN emplea la biotecnología microbiana para profundizar en nuestro conocimiento de los ecosistemas basados en el suelo y las alternativas fúngicas, de modo que podamos satisfacer las necesidades proteínicas de la población mundial de forma segura, saludable y sostenible. Zannini reflexiona sobre este futuro alternativo de la alimentación y comparte: «La biotecnología microbiana encierra un inmenso potencial para la producción sostenible de alimentos, pero su éxito depende de las políticas de apoyo y los marcos reglamentarios. Necesitamos directrices claras que faciliten la innovación y garanticen al mismo tiempo la seguridad y la confianza de los ciudadanos. Además, la inversión en investigación e infraestructuras es esencial para ampliar estas tecnologías e integrarlas en los sistemas alimentarios generales».

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Irlanda

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