Seguimiento del riesgo de autismo desde el nacimiento
Los trastornos del espectro autista (TEA) afectan a millones de familias en el mundo. Sin embargo, el diagnóstico suele llegar únicamente cuando los síntomas conductuales ya son evidentes. Para entonces, puede haberse perdido la oportunidad de ofrecer apoyo temprano o aplicar intervenciones preventivas. Comprender cómo interactúan la predisposición genética, los factores biológicos y el entorno durante la infancia constituye una prioridad para la comunidad científica y los sistemas sanitarios.
Estudiar el riesgo de autismo desde el nacimiento
El objetivo del proyecto GEMMA(se abrirá en una nueva ventana), financiado con fondos europeos, era identificar biomarcadores tempranos de TEA mediante el seguimiento, desde el nacimiento hasta los treinta y seis meses de edad, de lactantes con un riesgo familiar elevado. En el estudio participaron cerca de trescientos cincuenta recién nacidos de familias en las que un hermano mayor ya había sido diagnosticado de autismo. «El proyecto representó una oportunidad única para observar la evolución natural del autismo antes del diagnóstico clínico. Al seguir los cambios biológicos y conductuales a lo largo del tiempo, nuestro objetivo era identificar cuándo aparece el riesgo y cómo podría modificarse», explica Alessio Fasano, coordinador del proyecto. Cada seis meses, los participantes aportaron muestras biológicas e información clínica y se sometieron a evaluaciones conductuales periódicas. Con este diseño longitudinal, los investigadores pudieron identificar los cambios biológicos que se producen antes, durante y después de la aparición de los síntomas. En el proyecto GEMMA se combinaron datos genómicos, epigenómicos, metabolómicos y microbiómicos. Esta estrategia de biología de sistemas se concibió para analizar la interacción entre la susceptibilidad hereditaria y las bacterias intestinales, las respuestas inmunitarias y el metabolismo. A continuación, se emplearon herramientas de aprendizaje automático para detectar patrones asociados a un desarrollo posterior del autismo(se abrirá en una nueva ventana). «Gracias a ello, el equipo pudo desarrollar un modelo predictivo basado en la interacción de múltiples parámetros biológicos», agrega Fasano.
Señales de alerta temprana
En el proyecto GEMMA se descubrió que los cambios en el microbioma intestinal y en su funcionamiento pueden preceder en varios meses a la aparición de síntomas conductuales. Los investigadores identificaron alteraciones asociadas a niveles elevados de zonulina(se abrirá en una nueva ventana): un biomarcador relacionado con la permeabilidad intestinal y los procesos inflamatorios. «Esto sugiere que pueden producirse cambios biológicos mucho antes de que sea posible un diagnóstico clínico», destaca Fasano. El estudio también constató que ciertos indicadores conductuales relevantes podrían manifestarse antes de lo que se pensaba. Los lactantes de nueve meses descritos como especialmente irritables, difíciles de calmar o con problemas de sueño presentaban una mayor probabilidad de mostrar signos tempranos relacionados con el autismo a los doce meses.
Intervenciones basadas en el microbioma
En el proyecto GEMMA también se estudió si la modificación del microbioma intestinal(se abrirá en una nueva ventana) podría contribuir a aliviar conductas asociadas al autismo. Una intervención abierta de seis meses, basada en la combinación de probióticos y prebióticos, mostró mejoras tanto en los síntomas gastrointestinales como en los problemas conductuales. Además, los análisis prospectivos identificaron un conjunto de taxones bacterianos que predicen con gran precisión la aparición posterior de autismo. Estos resultados se respaldaron con modelos animales humanizados basados en transferencia de microbiota fecal. Los experimentos aportaron nuevas pruebas de que los desequilibrios del microbioma intestinal podrían contribuir a la aparición de autismo. Gracias a la combinación de análisis de datos y seguimiento clínico en la práctica asistencial, el proyecto GEMMA ha contribuido a mejorar la detección temprana del riesgo de autismo y a estrategias de prevención y tratamiento personalizadas. De cara al futuro, ya están en marcha colaboraciones internacionales para validar los resultados en otras poblaciones y traducirlos en herramientas de aplicación práctica. Además, el equipo del proyecto prevé el desarrollo de estrategias clínicas en las que los lactantes con antecedentes familiares de autismo puedan someterse a evaluaciones integradas del riesgo. Estas evaluaciones combinarían datos genéticos, análisis del microbioma intestinal, marcadores inmunitarios y observaciones conductuales. Los algoritmos predictivos podrían ayudar a los profesionales clínicos a identificar a los niños con mayor probabilidad de beneficiarse de intervenciones tempranas personalizadas. Entre ellas podrían incluirse estrategias nutricionales específicas o tratamientos con probióticos, antes de que los síntomas se manifiesten plenamente.