Dolor crónico y riesgo cardiovascular: ¿existe un vínculo?
El dolor crónico afecta a millones de personas en el mundo y es una de las principales causas de discapacidad. Además de su repercusión directa sobre la calidad de vida, el dolor crónico se asocia con frecuencia a otras afecciones graves, como la ansiedad, la depresión, la fatiga y las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, los mecanismos biológicos que subyacen a esta coexistencia siguen sin conocerse bien.
Estudio del dolor a escala poblacional
En el proyecto PainFACT(se abrirá en una nueva ventana), financiado con fondos europeos, se abordó esta brecha del conocimiento con el objetivo de desvelar los vínculos ocultos entre el dolor y la multimorbilidad. El consorcio analizó datos sanitarios de más de cinco millones de personas en Noruega. Asimismo, el análisis incluyó datos de grandes estudios poblacionales internacionales, como el Biobanco del Reino Unido(se abrirá en una nueva ventana) y el Estudio danés sobre donantes de sangre(se abrirá en una nueva ventana). Además, se utilizó una cohorte de ratones única y genéticamente diversa para investigar de forma experimental las asociaciones moleculares entre el dolor y las comorbilidades. Los investigadores integraron registros de pacientes, datos genéticos, mediciones de proteínas en sangre e información extraída de imágenes médicas. A continuación, estudiaron cómo el dolor crónico coexiste con otras enfermedades y qué vías biológicas pueden sustentar estas relaciones. «El dolor crónico suele considerarse una afección aislada, pero nuestros hallazgos demuestran que está profundamente interconectado con la salud sistémica. Comprender estos vínculos es fundamental para mejorar tanto el diagnóstico como el tratamiento», explica Christopher Sivert Nielsen, coordinador del proyecto.
Vínculos con las enfermedades cardiovasculares
Entre los hallazgos más relevantes del proyecto destaca la fuerte asociación entre el dolor crónico y el riesgo futuro de padecer una enfermedad cardiovascular. Si bien las investigaciones previas se habían centrado en gran medida en las comorbilidades psiquiátricas, en PainFACT se identificó el aumento del riesgo cardiovascular como un rasgo destacado del dolor crónico. La asociación fue más pronunciada en afecciones como la fibromialgia(se abrirá en una nueva ventana). Las personas con mayor sensibilidad al dolor también mostraron un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, incluso tras tener en cuenta factores de riesgo convencionales como el tabaquismo, los niveles de colesterol o la hipertensión. Estos resultados podrían ser especialmente relevantes en mujeres, que presentan una mayor prevalencia de trastornos de dolor crónico y experimentan con frecuencia síntomas diferentes durante episodios cardiovasculares. «La relación entre la sensibilidad al dolor y la enfermedad cardiovascular puede aportar una clave importante para comprender el riesgo cardiovascular específico en mujeres e influir en cómo se identifica y gestiona este riesgo en la práctica clínica», destaca Nielsen.
Mecanismos compartidos
En el proyecto PainFACT se llevó a cabo el primer estudio de asociación del genoma completo a gran escala sobre la sensibilidad al dolor mediante la prueba de inmersión en agua fría, un método experimental que evalúa la tolerancia al dolor inducido por el frío. Los investigadores analizaron los datos de unos treinta mil participantes e identificaron cinco genes asociados a la tolerancia al dolor. El gen TRPM8(se abrirá en una nueva ventana) destacó por su posible papel en dos procesos biológicos distintos: la percepción del dolor y la regulación de la tensión arterial. Análisis posteriores revelaron un importante solapamiento genético entre la sensibilidad al dolor, dolencias crónicas como la migraña y la enfermedad coronaria. Estos resultados sugieren que el dolor crónico y las enfermedades cardiovasculares podrían compartir vías biológicas comunes, en lugar de constituir trastornos completamente independientes. La prueba de inmersión en agua fría representó un avance metodológico relevante. Nielsen comenta: «El establecimiento de la prueba de inmersión en agua fría como herramienta para el descubrimiento molecular constituye uno de los principales logros del proyecto. Nos ayudará a comprender cómo interactúan los mecanismos del dolor con la biología cardiovascular». Los resultados obtenidos en PainFACT, que han permitido identificar vínculos hasta ahora desconocidos entre el dolor crónico y las enfermedades sistémicas, contribuyen a una nueva comprensión del dolor como una afección compleja que afecta a múltiples sistemas del organismo. Los investigadores tienen previsto ampliar los estudios genéticos sobre la sensibilidad al dolor y profundizar en el análisis de las enfermedades cardiovasculares concomitantes.