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¿A quién pertenecen los fósiles?

Los fósiles son objetos muy codiciados y algunos alcanzan precios de millones de euros. Pero ¿son especímenes científicos, objetos culturales o tan solo minerales al alcance del mejor postor? Nuestra experta, Donna Yates, ahonda en esta cuestión.

«Depende de a quién se pregunte, dónde se pregunte y por qué se pregunte», comenta Yates. Un jurista ofrecerá una respuesta legal clara, que dependerá de la legislación vigente en cada país. En Estados Unidos, por ejemplo, la propiedad de un terreno suele incluir los fósiles que se encuentran en el subsuelo. Por el contrario, en Brasil, los fósiles pertenecen por ley al Estado. China los considera reliquias culturales de importancia nacional y reclama la restitución de aquellos que hayan sido exportados sin la autorización correspondiente. Y si se pregunta a un ciudadano corriente o a un paleontólogo, quizá la respuesta sea otra: «Hay una idea bastante extendida —que, creo, comparten muchas personas— de que los fósiles son objetos que no deberían pertenecer en exclusiva a una sola persona», destaca Yates. «La idea de que pasen a manos privadas no termina de convencerme. No es que me parezca mal, pero es algo que no me cuadra». Muchas personas consideran aceptable que los fósiles estén en manos de niños, aficionados o incluso investigadores. Sin embargo, la venta de ejemplares por millones en subastas suele percibirse como una justificación menos legítima para permitir la propiedad privada. Por supuesto, los coleccionistas y las casas de subastas discrepan de esta opinión. Yates, arqueóloga y profesora asociada de Criminología en la Universidad de Maastricht (Países Bajos), explica que este desacuerdo constituye un terreno especialmente interesante para la investigación. «Desde mi punto de vista personal, lo más beneficioso es que los fósiles se conserven en los museos y que yo pueda llevar a mi hijo de siete años a verlos», agrega la experta. «Pero eso no significa necesariamente que sea la opción correcta. Lo interesante es la diversidad de opiniones que existen sobre este tema». Los fósiles están incluidos en la Convención de la Unesco de 1970(se abrirá en una nueva ventana) destinada a combatir el tráfico ilícito de bienes culturales. No obstante, el texto no define con claridad qué son exactamente los fósiles, lo que añade un nuevo elemento de ambigüedad. «Un aspecto fundamentalmente humano de este debate radica en el enorme atractivo cultural de los fósiles. Aunque muchas personas defendamos principios superiores, como el valor de la ciencia, resulta difícil abstraerse del poder que tienen estos objetos», explica Yates. «Creo que todos albergamos una contradicción inherente respecto a este tema, porque son objetos fascinantes; nos gusta tocarlos y tenerlos cerca», comenta la experta. «De algún modo nos obligan a tomar decisiones o a adoptar posturas que no siempre adoptaríamos en otras circunstancias». Yates analizó esta tensión en el marco del proyecto TRANSFORM(se abrirá en una nueva ventana), financiado por el Consejo Europeo de Investigación(se abrirá en una nueva ventana), que examinó la compleja relación que las personas mantienen con los fósiles de Tyrannosaurus rex. Estos fósiles emblemáticos han provocado conflictos entre distintos grupos de personas e incluso entre familias, llegando en ocasiones a derivar en conductas delictivas. El proyecto combinó la arqueología, la etnografía y los estudios museísticos para comprender mejor la relación de las personas con los fósiles y profundizar en el conocimiento de los delitos asociados a ellos. A pesar de que existe un amplio y lucrativo mercado negro de fósiles, muchas de las prácticas aparentemente legítimas del comercio de fósiles se sitúan en zonas grises desde el punto de vista jurídico, donde se podrían cometer infracciones. Así las cosas, el interés de Yates no se centra tanto en estas tensiones jurídicas, sino más bien en las cuestiones éticas que plantean. «Existe una controversia constante sobre la exhibición de fósiles de propiedad privada en museos públicos. Es una práctica completamente legal, pero debemos preguntarnos si de verdad queremos que los museos públicos lo hagan». Yates destaca: «Por una parte, las donaciones privadas permiten que el público contemple fósiles a los que quizá no tendría acceso de otro modo. Pero si esto aumenta el valor del fósil, este se podría vender luego por un precio mucho más alto. ¿Es ese el papel que queremos que desempeñen los museos?». Más información sobre la investigación de Donna Yates: ¿Por qué pelearse por los fósiles?

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