¿Podrían los juegos de guerra hacer retroceder el reloj del Juicio Final?
El reloj del Juicio Final(se abrirá en una nueva ventana) fue creado en 1947 e indica hasta qué punto la humanidad se acerca a su propia destrucción debido, en gran medida, a los riesgos nucleares, el cambio climático, las tecnologías disruptivas y las amenazas de bioseguridad. En la actualidad, sus manecillas están a 85 segundos de la medianoche. Tal y como comenta Jean-François Bélanger(se abrirá en una nueva ventana), de la Escuela Real Danesa de Defensa(se abrirá en una nueva ventana): «En los últimos dos años, Rusia ha esgrimido la amenaza nuclear para disuadir a los aliados de la OTAN de apoyar a Ucrania tras la invasión rusa. Mientras tanto, los servicios de inteligencia siguen evaluando la probabilidad de un ataque ruso a gran escala contra los aliados de la OTAN y vigilando las constantes provocaciones híbridas, como los ataques con drones o los ciberataques». En este contexto, Estados Unidos está reduciendo cada vez más su importante contribución a la seguridad europea, lo que obliga a Europa a replantearse sus estrategias y su gasto en defensa. Para analizar estas dinámicas, en el proyecto WESUE, coordinado por Bélanger y desarrollado en el Centro de Estudios sobre la Guerra(se abrirá en una nueva ventana) de la Universidad del Sur de Dinamarca, se recurrió a los juegos de guerra para simular y analizar las dinámicas de escalada y contención nuclear. «Dado que la toma de decisiones es, en gran medida, un proceso privado, apenas hay datos disponibles, por lo que quise simularla en escenarios realistas», agrega Bélanger. «Se trata de un campo emergente, tanto por los métodos empleados como por sus aplicaciones, cuyo desarrollo se ha visto favorecido por la llegada de la inteligencia artificial».
Comprender los mecanismos de la escalada nuclear
El proyecto WESUE, respaldado por las acciones Marie Skłodowska-Curie(se abrirá en una nueva ventana), se inspiró en el trabajo de Julian Spencer-Churchill(se abrirá en una nueva ventana), antiguo mentor de Bélanger, y en particular en un artículo que publicó en 2006 sobre las características que podría adoptar una operación militar estadounidense contra Irán. Para simular diversos supuestos de escalada en Europa, Bélanger creó primero varios juegos de guerra en papel que después sirvieron de base para desarrollar versiones digitales. «Cuando se puede observar el proceso de toma de decisiones de dos adversarios en una situación de conflicto, estamos ante un juego de guerra», explica Bélanger. El programa resultante, inspirado en acontecimientos recientes relacionados con la defensa, utilizaba diversos criterios para analizar distintos aspectos de la disuasión, como el grado de compromiso con la OTAN o la agresividad, los objetivos y los métodos del adversario. Una de las simulaciones, basada en un escenario de especial actualidad, planteaba un ataque ruso contra un Estado báltico. Entre los supuestos analizados figuraban las posibles respuestas políticas y militares de la OTAN en caso de que se invocara el artículo 5, según el cual un ataque contra uno de sus miembros se considera un ataque contra todos y puede dar lugar a una respuesta de la Alianza en ejercicio de la legítima defensa colectiva. Estas primeras versiones digitales sirven actualmente de base para desarrollar un juego de guerra digital en colaboración con investigadores de la Escuela Real Danesa de Defensa, la Universidad de Oxford(se abrirá en una nueva ventana) y el King’s College de Londres(se abrirá en una nueva ventana), centrado en la escalada nuclear y la integración de las fuerzas aéreas de los países nórdicos.
Factores de disuasión internos o externos
Uno de los principales temas de interés para Bélanger (y objeto de un libro de próxima publicación junto con T.V. Paul)(se abrirá en una nueva ventana) fue el proceso de nuclearización de Corea del Norte y sus posibles repercusiones en la península de Corea. Bélanger sostiene que los Estados más pequeños tienen dos opciones básicas de disuasión: la internalización o la externalización. La internalización consiste en desarrollar capacidades que estén plenamente bajo el control del Estado, como en los casos de Irán y Corea del Norte, mientras que la externalización implica establecer alianzas, como la OTAN, o recurrir a terceros, como ocurre de forma especialmente evidente con Estados Unidos. «La disuasión externalizada suele ser más versátil y rápida de aplicar, pero puede verse debilitada por provocaciones constantes, de menor escala y muy selectivas. En cambio, la disuasión internalizada tiene un elevado coste económico y político, pero, una vez establecida, resulta eficaz», explica Bélanger. Bélanger sostiene que las ventajas y desventajas relativas de estas opciones están siendo objeto de un escrutinio sin precedentes. «Esta disyuntiva se refleja en el debate sobre la inversión en disuasión, sobre todo tras el acuerdo de los aliados de la OTAN de destinar el 5 % del PIB a defensa de aquí a 2035(se abrirá en una nueva ventana). Pero, si esa inversión se destina a adquirir armamento de largo alcance, los países deben estar dispuestos a utilizarlo. No estoy seguro de que todos los aliados hayan asumido ese cambio de mentalidad», concluye Bélanger.