No coma más hamburguesas y patatas fritas: no es solo su figura la que se lo agradecerá
Salchichas, patatas fritas, helados, refrescos... admítalo, ya se le está haciendo agua la boca. A estos alimentos los llamamos comida basura, y con razón. Para la ciencia son alimentos ultraprocesados (AUP), es decir, cualquier alimento que contiene más de un ingrediente que no se encuentra de forma habitual en la cocina de un hogar. Tienen un elevado contenido en grasa, azúcar y sal, y su consumo está relacionado con más de treinta enfermedades, entre ellas el cáncer y las cardiopatías.
Otra forma de desgaste mental
La realidad es que más de la mitad de la energía (calorías) que consume una persona media procede de AUP. Lo preocupante es que su ingesta sigue aumentando por dos razones principales: la comodidad y el coste. A ello se suma que no estamos habituados a comprobar la información nutricional en busca de aditivos y compuestos potencialmente perjudiciales y, en muchos casos, tampoco sabríamos identificarlos. Un estudio liderado por la Universidad de Monash (Australia) trae más malas noticias, ya que los AUP no solo contribuyen a un aumento de peso, sino también afectan a la capacidad de concentración. Los resultados del estudio se acaban de publicar en la revista «Alzheimer’s & Dementia: Diagnosis, Assessment & Disease Monitoring»(se abrirá en una nueva ventana). El estudio, basado en un análisis de casi dos mil doscientos adultos australianos de entre cuarenta y setenta años, reveló que un mayor consumo de AUP se asociaba con peores resultados en pruebas de atención, independientemente de la calidad general de la dieta. Los participantes seguían una dieta mediterránea, considerada en general como el referente de alimentación saludable para el cerebro. Según estos resultados, los AUP podrían afectar a la capacidad para prestar atención, incluso cuando se siguen hábitos alimentarios en su mayoría saludables. Los participantes rellenaron un exhaustivo cuestionario de ciento treinta preguntas sobre sus hábitos alimentarios durante los últimos doce meses. Algunos de los AUP más consumidos fueron los postres lácteos, los refrescos, los aperitivos salados envasados, las carnes procesadas y los platos precocinados.
Los alimentos ultraprocesados menoscaban los beneficios de una dieta saludable
Cada alimento se clasificó en función de su grado de procesamiento industrial, y no de su valor nutricional. El rendimiento cognitivo se evaluó con una prueba en línea validada que medía la velocidad de procesamiento, la atención visual, la memoria de reconocimiento visual y la memoria de trabajo. Todos estos factores se combinaron en dos puntuaciones: una de atención y otra de memoria. «Para poner nuestros hallazgos en perspectiva, un aumento del 10 % en el consumo de AUP equivale a añadir una bolsa de patatas fritas a la alimentación diaria», manifestó Barbara Cardoso, autora principal del estudio y profesora titular en el Departamento de Nutrición, Dietética y Alimentación de la Universidad de Monash y el Victorian Heart Institute, en un comunicado de prensa(se abrirá en una nueva ventana). «Por cada incremento del 10 % en el consumo de AUP, observamos una disminución clara y cuantificable en la capacidad de concentración». El equipo de investigación cree que los aditivos de los AUP podrían ser el problema. «El ultraprocesamiento de los alimentos a menudo destruye su estructura natural e introduce sustancias potencialmente perjudiciales, como aditivos artificiales o compuestos derivados del procesado», explicó Cardoso. «Estos aditivos sugieren que la relación entre la dieta y la función cognitiva va más allá de la simple ausencia de alimentos considerados saludables, y apunta a mecanismos vinculados al propio grado de procesamiento de los alimentos».