¿Se puede borrar un recuerdo?
En primer lugar, conviene aclarar qué se entiende por «borrar» un recuerdo. A grandes rasgos, existen dos corrientes de pensamiento al respecto. La primera está representada por el premio Nobel ruso Iván Pávlov, conocido por sus célebres experimentos con perros. En los años veinte del siglo pasado, Pávlov propuso que los recuerdos pueden desaparecer mediante un proceso activo de supresión. Sin embargo, los científicos han planteado recientemente que, para borrar ciertos recuerdos, sobre todo los traumáticos, quizá sea necesario evocarlos en lugar de tratar de reprimirlos. Esto se debe a que, cada vez que evocamos un recuerdo, este se vuelve maleable y puede modificarse, un mecanismo que se aprovecha en la terapia de exposición. «Uno de los grandes avances de los últimos años ha sido el descubrimiento de los mecanismos por los que los recuerdos se almacenan en las células de engrama —comenta Gräff, investigador del Instituto Brain Mind(se abrirá en una nueva ventana) de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza)—. La idea es que, cada vez que aprendemos algo o vivimos una experiencia nueva, se activan determinadas células del cerebro y esa activación deja una huella en la memoria». En el proyecto Remote memory traces, financiado por el Consejo Europeo de Investigación(se abrirá en una nueva ventana), Gräff y su equipo identificaron y marcaron neuronas en ratones que se activan ante un recuerdo traumático específico. Los experimentos demostraron que el proceso de eliminar un recuerdo traumático concreto tiene lugar en las mismas células en las que este se almacena, lo que indica que el olvido se produce a nivel celular. «Las pruebas posteriores sugirieron que los ratones eran capaces de “desaprender” o, por así decirlo, borrar el recuerdo de un suceso traumático —añade Gräff—. Aunque, para ser más precisos, no se borra el recuerdo en sí, sino la asociación con ese episodio traumático concreto».
Un interruptor de la memoria
¿Se podrían utilizar estos conocimientos para borrar de forma selectiva recuerdos concretos? «En teoría es posible —destaca Gräff—. En ratones, logramos introducir un interruptor molecular en las células de engrama. Al desactivarlo, el recuerdo desaparecía». Sin embargo, borrar un recuerdo del cerebro humano sería muchísimo más difícil. «En teoría, ¿podríamos recurrir a la terapia génica para activar o desactivar determinadas neuronas? —se pregunta Gräff—. Yo creo que sí, pero con una salvedad: de momento actuaríamos a ciegas, sin saber con certeza si estamos borrando un recuerdo o no. Así que, por ahora, este método no es viable». En la práctica, Gräff se propone aprovechar los hallazgos sobre el «desaprendizaje» de experiencias traumáticas para investigar, por ejemplo, el uso de estrategias farmacológicas seguras que potencien los efectos de la terapia de exposición. Esto podría resultar muy beneficioso para las personas con trastorno por estrés postraumático (TEPT), al ayudarlas a afrontar los recuerdos traumáticos y dejarlos atrás.