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Imaging fear of painful touch: unraveling relationships between neural correlates of pain-related fear, somatosensory neuroplasticity, and sensory impairments in the context of chronic pain.

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Descubrir cómo el cerebro asocia las sensaciones de seguridad con la amenaza y el dolor

En una nueva investigación se intenta arrojar luz sobre por qué incluso un contacto inofensivo puede provocar un dolor intenso en pacientes que padecen el síndrome de dolor regional complejo.

El dolor crónico, que afecta a más del 20 % de la población mundial, es una gran fuente de sufrimiento personal, además de una carga socioeconómica. En especial, esto es cierto en el caso de quienes padecen el síndrome de dolor regional complejo (SDRC), una enfermedad crónica poco frecuente que puede convertir un contacto físico inofensivo en una experiencia dolorosa y amenazante. «Para algunas personas con SDRC, incluso un contacto suave —como el roce de la ropa contra la piel o una caricia— puede provocar dolor y angustia», explica Iris Coppieters, catedrática investigadora de la Universidad Libre de Bruselas (se abrirá en una nueva ventana) y miembro del consorcio «Pain in Motion»(se abrirá en una nueva ventana). Coppieters es también investigadora posdoctoral en la Universidad de Maastricht(se abrirá en una nueva ventana), en el grupo de investigación de psicología experimental de la salud. Aunque el dolor que sienten estos pacientes es muy real, los mecanismos cerebrales y sensoriales subyacentes no se comprenden del todo. Como consecuencia, muchas personas que padecen el SDRC sufren limitaciones funcionales, mientras que la falta de concienciación y comprensión en torno a esta afección puede contribuir al estigma y a un apoyo inadecuado. El equipo del proyecto FABrIC, financiado con fondos europeos, se ha propuesto proporcionar una comprensión más profunda del miedo relacionado con el dolor en afecciones como el SDRC para subsanar esta laguna de conocimiento. «Al explorar cómo el cerebro puede aprender y desaprender a asociar sensaciones cotidianas y seguras con la amenaza y el dolor, esperamos impulsar el desarrollo de nuevos métodos no farmacológicos para tratar esta afección crónica», añade Coppieters.

Las pruebas de cómo se desarrolla, se extiende y se desvanece el miedo al contacto doloroso

Para estudiar cómo se desarrolla, se extiende y, finalmente, se desvanece el miedo al contacto, el equipo del proyecto financiado por las Acciones Marie Skłodowska-Curie(se abrirá en una nueva ventana) comparó a personas con SDRC que padecían dolor crónico con participantes sanos y sin dolor. Para ello, se combinaron experimentos conductuales con IRM funcionales del encéfalo, pruebas sensoriales detalladas y cuestionarios psicológicos y sobre el dolor. En el proyecto también se utilizó un paradigma específico de mapeo de los dedos mediante resonancia magnética funcional para analizar cómo el miedo al contacto doloroso se relaciona con los cambios en la representación que el cerebro tiene del cuerpo. Con este marco multimodal, los investigadores descubrieron que los participantes que experimentaban un contacto no doloroso en los dedos también mostraban indicios de cambios en las regiones cerebrales sensoriales y emocionales. «Esto sugiere que las respuestas de miedo pueden extenderse más allá del lugar original de aprendizaje, haciendo que un contacto que, de otro modo, sería inofensivo, se procese como potencialmente amenazante», afirma Coppieters. Los investigadores también observaron cambios en la actividad cerebral durante la fase de desaparición, cuando el dolor esperado ya no se produce. Estos cambios se correspondían con una reducción del miedo y de las expectativas de dolor descritas por los participantes. «Estos hallazgos proporcionan la primera prueba valiosa, obtenida mediante neuroimagen, de cómo se puede adquirir, generalizar y, potencialmente, reducir el miedo al contacto doloroso, lo que ofrece una comprensión neurobiológica de cómo el aprendizaje de amenazas puede alterar el procesamiento sensorial», señala Coppieters.

Hacia un método más personalizado para el tratamiento del dolor crónico

Aunque en el proyecto FABrIC se ha demostrado con éxito que el miedo al contacto implica un proceso neurobiológico y sensorial complejo que puede condicionar la forma en que el cerebro interpreta un contacto físico que, en otras circunstancias, sería seguro, aún queda mucho trabajo por hacer. Por eso, el equipo de investigación está explorando cómo los factores individuales de vulnerabilidad y resiliencia influyen en el aprendizaje del miedo. «Nuestro objetivo final es ofrecer métodos más personalizados y basados en los mecanismos para el tratamiento del dolor crónico», concluye Coppieters.

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