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Llevar la atención rehabilitadora a las comunidades aisladas de Europa

El proyecto europeo ROSIA desarrolló un nuevo modelo de atención rehabilitadora basado en el autocuidado a distancia, con el objetivo de mejorar los servicios clínicos en regiones rurales aisladas.

El aumento de la urbanización está favoreciendo la despoblación de muchas zonas rurales de Europa. Quienes deciden quedarse en estas zonas suelen ser personas mayores, que presentan un mayor riesgo de padecer afecciones que requieren rehabilitación a largo plazo, como ictus, problemas articulares o enfermedad pulmonar obstructiva crónica. La disminución de la población joven también reduce el número de profesionales sanitarios en estas zonas. «Sin suficientes pacientes que justifiquen una clínica especializada y sin personal suficiente para gestionarla, las zonas rurales acaban convirtiéndose en auténticos “páramos asistenciales”: lugares donde la atención existe en teoría, pero no en la práctica», explica Claus F. Nielsen, responsable de tecnología e innovación de ROSIA(se abrirá en una nueva ventana). La comarca de Barbastro, en Aragón (España), es un territorio montañoso con núcleos de población dispersos. Para una persona con problemas de movilidad, desplazarse hasta el centro de rehabilitación más cercano puede implicar un trayecto total de dos horas. «Para una persona que se recupera de un ictus o de una lesión medular, este modelo asistencial resulta sencillamente insostenible a largo plazo», señala Sofía Moreno-Pérez, coordinadora de contratación pública de ROSIA. Y añade: «En las regiones con las que trabajamos, el problema no es la ausencia de servicios de rehabilitación, sino que la distancia y la falta de profesionales dificultan el acceso de quienes más los necesitan». Para hacer frente a esta situación, el equipo de ROSIA desarrolló un modelo asistencial flexible y escalable, basado en el autocuidado y orientado a mejorar los servicios clínicos en zonas afectadas por la despoblación. «La idea central de ROSIA era sencilla: si los pacientes no pueden acudir a un centro de rehabilitación, el centro debe llegar hasta ellos a través de una pantalla, un teléfono móvil o un dispositivo portátil», explica Nielsen.

Un nuevo modelo de autocuidado basado en tecnologías digitales

El equipo del proyecto creó el «Catálogo de servicios ROSIA», un conjunto prescriptible de herramientas digitales validadas para su uso doméstico. Los pacientes realizan sus ejercicios de rehabilitación, el sistema registra los datos y los profesionales sanitarios supervisan a distancia la evolución clínica y ajustan el programa cuando es necesario. Las soluciones todavía no estaban plenamente desarrolladas. Por ello, el equipo recurrió a mecanismos europeos de contratación pública para estimular el mercado mediante un proceso competitivo organizado en tres fases y con financiación de I+D en cada etapa. Este procedimiento permitió desarrollar dos plataformas, RAISE y REHABILIFY, concebidas y optimizadas en función de los requisitos clínicos definidos por el consorcio. «El marco de contratación pública precomercial nos proporcionó algo que la contratación tradicional no puede ofrecer: la posibilidad de orientar de forma activa cómo se desarrollaban las soluciones, en lugar de limitarnos a elegir entre las ya existentes», destaca Moreno-Pérez. A continuación se llevaron a cabo pruebas en situaciones reales en Irlanda(se abrirá en una nueva ventana), Portugal(se abrirá en una nueva ventana) y España(se abrirá en una nueva ventana). Durante diez meses, ciento veinticuatro pacientes y treinta y seis profesionales sanitarios utilizaron las plataformas para tratar siete afecciones distintas.

Validación de una plataforma digital de telerehabilitación

El principal resultado fue que las plataforma funcionaron correctamente, tanto desde el punto de vista clínico como técnico, en tres sistemas sanitarios diferentes. «Conseguir que una plataforma digital de rehabilitación funcione de manera fiable en los tres sistemas constituye la prueba de concepto de que este modelo puede ampliarse a mayor escala», comenta Nielsen. Los comentarios de los profesionales sanitarios también fueron positivos. Tras un escepticismo inicial, se comprobó que la supervisión a distancia permitía seguir de forma más amplia y continua la evolución de los pacientes. Además, ROSIA demuestra que la propia contratación pública puede convertirse en una herramienta de innovación: en lugar de esperar a que el mercado ofrezca soluciones, los sistemas sanitarios pueden impulsar el desarrollo de aquello que realmente necesitan. «Ese cambio de enfoque —pasar de ser compradores pasivos a agentes capaces de orientar el mercado— es, en mi opinión, la lección más transferible del proyecto», destaca Nielsen. Según Nielsen, la evolución demográfica y el avance de la urbanización en Europa ponen aún más de relieve el valor de este enfoque. «La teleasistencia no es algo accesorio, sino una necesidad ineludible».

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