Inocular la empatía contra las narrativas antivacunas
Aunque las vacunas han salvado más vidas que prácticamente cualquier otro tratamiento o avance médico, la vacunación siempre ha suscitado escepticismo, reticencias y oposición. Sin embargo, es preocupante que el movimiento antivacunas haya cobrado tanta fuerza en los últimos años. Recientemente, la Organización Mundial de la Salud advirtió de que la reticencia a la vacunación(se abrirá en una nueva ventana) constituye uno de los mayores problemas de salud pública a los que se enfrenta el mundo. «Si muy pocas personas se vacunan, no hay inmunidad de grupo», explica Stephan Lewandowsky, coordinador del proyecto JITSUVAX(se abrirá en una nueva ventana) en la Universidad de Bristol(se abrirá en una nueva ventana). «Esto está ocurriendo ahora mismo en Estados Unidos con el sarampión, que se consideraba erradicado hace unos años. Los bebés que ya no se vacunan contra la hepatitis B podrían desarrollar una enfermedad hepática dentro de veinte o treinta años y morir más jóvenes».
Las actitudes subyacentes a la reticencia a la vacunación
El problema es que la reticencia a la vacunación no es fácil de manejar. Lewandowsky comenta que las opiniones firmemente arraigadas suelen surgir de actitudes profundas que forman parte central de la identidad de una persona. «Las personas también son diferentes», añade el coordinador. «Y esta es la razón por la que no funciona un planteamiento único para hacer frente a la reticencia a la vacunación». El objetivo del proyecto JITSUVAX era abordar esta cuestión reuniendo a un equipo de psicólogos, científicos y médicos a fin de comprender mejor las diferentes razones que subyacen a la reticencia a la vacunación. Después, se desarrollaron nuevas herramientas y planteamientos personalizados para hacer frente a la información errónea. «Analizamos la argumentación antivacunas a partir de la bibliografía científica existente y verificamos la información errónea sobre la COVID-19», comenta Lewandowsky. «Utilizando herramientas de aprendizaje automático, clasificamos después estos hallazgos en lo que llamamos “raíces de la actitud” (es decir, las motivaciones psicológicas subyacentes)». Se clasificaron once raíces de la actitud, entre las que destacan cuatro, a saber: las teorías conspirativas (que a menudo reflejaban una falta de confianza en las instituciones), las preocupaciones políticas, las preocupaciones morales y religiosas (como las vacunas relacionadas con la actividad sexual) y el miedo.
Espacio para una conversación sincera: formación para contrarrestar la información errónea
El equipo del proyecto ha impartido formación a médicos de Finlandia, Francia, Alemania, Rumanía y el Reino Unido. Solo en este último país, se ha formado a casi cuatrocientos profesionales sanitarios. Además, desde la finalización del proyecto, se ha creado JITSUVAX Training(se abrirá en una nueva ventana), una empresa derivada sin ánimo de lucro para continuar esta labor formativa. «Actualmente contamos con dos empleados y tenemos reservas hasta mediados de 2026», señala Lewandowsky. «Esperamos es que esto se convierta en un motor autosuficiente». En esencia, JITSUVAX ha demostrado que es posible contrarrestar la información errónea sobre las vacunas y superar el creciente número de actores de mala fe. «Todavía hay mucha gente razonable en el mundo», concluye Lewandowsky. «La entrevista de refutación empática consiste en comprender las actitudes y los temores de las personas. El mero hecho de mostrar que estás dispuesto a escuchar a la gente puede marcar una gran diferencia».