¿Pueden las aves entender los cantos de otras especies?
Las crías de las aves cantoras aprenden a cantar escuchando a sus padres e imitándolos, de forma muy similar a las balbuceos de los bebés humanos. Para cuando abandonan el nido, ya se han memorizado estos cantos y pueden utilizarlos para encontrar y elegir una pareja adecuada. Algunas aves son capaces de aprender los cantos de otras especies, afirma Wheatcroft, zoólogo de la Universidad de Estocolmo (Suecia). Los imitadores, como las aves lira, por ejemplo, se especializan en copiar a otras especies (así como otros sonidos de su entorno). Sin embargo, incluso entre las aves que no son imitadoras, pueden aprender y de hecho aprenden los cantos de otras especies. «Puede darse el caso de que especies diferentes entren en contacto y, cuando conviven, una especie aprenda el canto de la otra, o viceversa», afirma. Por ejemplo, el diamante mandarín y el capuchino del Japón son especies distintas. En experimentos en los que se colocan polluelos de diamante mandarín con padres adoptivos de capuchino del Japón, las aves jóvenes son capaces de aprender el canto de sus vecinos, aunque no a la perfección y probablemente no hasta el punto de poder atraer a un capuchino del Japón. De este modo, se cree que los cantos funcionan como una barrera importante entre especies para impedir el mestizaje y evitar el posible colapso de la población. El interés de Wheatcroft radica en cómo y por qué ha evolucionado la preferencia por cantos específicos de cada especie, y en determinar cómo los genes y la experiencia condicionan los cantos que se entonan. «Lo relevante desde el punto de vista ecológico es lo que ocurre cuando las especies conviven en la naturaleza, ya que en la naturaleza es muy raro que una especie críe a los polluelos de otra», señala. A través del proyecto SongNeuroGen, financiado por el Consejo Europeo de Investigación(se abrirá en una nueva ventana), Wheatcroft y sus colegas exploraron cómo surge el reconocimiento de especies entre el papamoscas acollarado y el papamoscas cerrojillo. El equipo demostró que, en toda Europa, los polluelos de papamoscas cerrojillo de tan solo doce días de edad son capaces de distinguir los cantos de su propio grupo de los del papamoscas acollarado. En la investigación también se encontraron pruebas de diferencias genéticas entre las poblaciones que contribuyen a «sintonizar» a las aves con sus propios cantos. Así pues, aunque pueden intentar imitar melodías de especies emparentadas, las aves tienden a mostrar una reticencia innata a aprender nuevos cantos. «Podríamos pensar que un macho que canta algo novedoso resulta sexy, más atractivo —añade Wheatcroft—, pero, según la mayoría de los ejemplos que conocemos, lo conservador es lo que mejor funciona». Haga clic aquí para saber más sobre la investigación de David Wheatcroft: Aprender a cantar correctamente: cómo los paseriformes juveniles adquieren su repertorio vocal