Las dos principales amenazas que podrían provocar la extinción de la humanidad
Treinta y siete expertos en salud, economía, seguridad y tecnología, reunidos en la Comisión sobre las Amenazas Globales para la Salud del Siglo XXI, identificaron diecisiete amenazas catastróficas interrelacionadas para la salud mundial entre 2025 y 2100. Estas abarcan desde las enfermedades y las condiciones sociales y económicas hasta los cambios ambientales, la tecnología y los conflictos. A partir de datos procedentes de estudios de salud, los expertos calcularon cuántos años de vida saludable podría perder en total la población mundial como consecuencia de distintas amenazas capaces de provocar enfermedades, discapacidad o muerte prematura. Asimismo, instan a los dirigentes mundiales a adoptar medidas específicas para evitar los peores escenarios posibles. Los resultados se publicaron en la revista «The Lancet»(se abrirá en una nueva ventana).
El futuro no está predeterminado
Según las conclusiones de la Comisión, si no cambia la situación actual, estas amenazas podrían suponer para la humanidad la pérdida de decenas de miles de millones de años de vida saludable. De entre todos los riesgos identificados, dos de ellos podrían provocar la extinción de la humanidad: un conflicto nuclear y el uso indebido de la inteligencia artificial. «Lo más llamativo no es solo la magnitud de estas amenazas, sino que la humanidad aún puede actuar para hacerles frente —declaró a «CNN»(se abrirá en una nueva ventana) Christopher Murray, copresidente de la nueva comisión y director del Instituto de Métricas y Evaluación Sanitarias de la Universidad de Washington—. En el caso de las diecisiete amenazas catastróficas, las decisiones que adopten hoy los dirigentes determinarán la salud y el bienestar de la próxima generación. Pero, cuanto más se tarde en actuar, mayores serán los costes en el futuro». Sin embargo, el objetivo de la comisión no es clasificar las amenazas, sino impulsar medidas a todos los niveles para salvaguardar la salud y el futuro de la humanidad. «Los recientes acontecimientos mundiales demuestran con qué rapidez una situación estable puede desembocar en una crisis y el elevado coste de responder una vez que ha tenido lugar una catástrofe. Además, las amenazas mundiales para la salud pueden exacerbar las desigualdades existentes y afectar sobre todo a las comunidades más vulnerables. No obstante, el futuro no está predeterminado», explicó Natalia Kanem, copresidenta de la comisión y exdirectora ejecutiva del Fondo de Población de las Naciones Unidas. «Los gobiernos y las comunidades deben actuar con decisión desde hoy mismo para proteger la salud y construir un futuro más justo, pacífico y seguro para las próximas generaciones». El informe señala que la confianza es indispensable para adoptar medidas eficaces, ya que aporta estabilidad y permite a las sociedades anticiparse a las crisis, mitigar sus efectos y adaptarse a ellas. Por el contrario, la desconfianza generalizada no hace sino agravar los riesgos. Además de la confianza, la respuesta de las sociedades ante las amenazas dependerá de otros factores, como la cooperación internacional, la seguridad de los sistemas alimentarios y una mayor equidad social.
Replantearse la respuesta ante las crisis
En lugar de abordar cada problema por separado, las iniciativas mundiales en materia de salud deben coordinarse para hacer frente a amenazas complejas e interrelacionadas, según señala un editorial(se abrirá en una nueva ventana) relacionado publicado en «The Lancet». «Gran parte de la defensa de la salud se centra en causas concretas. Los colectivos que comparten un mismo interés —desde el sida hasta la salud infantil y desde el cambio climático hasta el control del tabaco— concentran sus esfuerzos en su propio ámbito. Y es comprensible que sea así. La acción directa, a menudo valiente, ha permitido lograr avances importantes. Pero este enfoque tan competitivo resulta […] muy problemático. De hecho, quizá la contribución más importante de esta comisión sea lograr que la salud mundial deje de abordar los distintos riesgos de forma aislada. […] La desagradable realidad es que las amenazas a las que nos enfrentamos son múltiples, complejas y difíciles».